El renacido- Virtuosismo endeble


El talentoso realizador mexicano Iñárritu vuelve al foco de atención apenas un año después de un desorbitante (y también algo inmerecido) éxito en la temporada de galardones norteamericanos con su preciosista Birdman, esta vez con una película de idéntica ambición en la forma pero muy diferente contenido. Y una vez más, el aplauso que recibe su obra, intensa narración de venganzas y supervivencias extremas, es mayúsculo y resonante. Y no negaré que la película es notable. Sus logros técnicos son asombrosos, y su envolvente estética y salvaje intensidad hacen de su visionado una agradable experiencia. Pero después de este uno permanece hambriento, porque a este caramelo visual le falta el trasfondo deseado, saliendo a la luz tras el lucimiento técnico una triste falta de verdad.

Durante el siglo XIX, un grupo de tramperos es perseguido por una tribu de indios a través de las heladas llanuras y frondosos bosques de Luisiana. Esta situación límite hace aflorar tensiones entre dos miembros del grupo, Glass y Fitzgerald, que tras el gravísimo accidente del primero llegará a su máxima expresión, cuando le abandone malherido, en espera de la inexorable muerte. Sacando fuerzas de flaqueza, Glass inicia una ardua travesía contra las inclemencias del mundo salvaje en busca de venganza. El argumento, como bien queda constatado, es muy sencillo. Es por ello que el equipo de producción de la película se lo plantea como una excusa para derivar por otros derroteros. Iñárritu abogo por un rodaje exhausto en condiciones severas, filmando en orden cronológico sin iluminación alguno y con el mínimo apoyo de efectos especiales. Lubezki se luce con sus dinámicas y largas tomas generales y sus planos detalles naturales y composiciones poéticas, así como Sakamoto se luce con una banda sonora hipnótica y Leo hace de su sencillo papel una serie de catastróficas desdichas, tour de sufrimiento físico y mental. Y es por ello que esta película sobresale de la mediocridad en la que podría haberse quedado si otro equipo hubiese rodado ese mismo guión pueril. Pero no a tan altas cotas. Pues en la ejecución del filme encontramos importantes problemas.

Se pretende una implicación emocional en el desgarrador drama del personaje de DiCaprio, recreado con un realismo paradójico, en tanto transmite ese espíritu salvaje desde una ejecución milimétricamente planeada. Pero las desventuras del personaje son tan inverosímiles (por mucho hecho real en que estén basadas) que no sentimos que corra realmente peligro su vida. Es más, cuando ya le has visto sobrevivir a las dos primeras desgracias improbables, a la quinta más que afectación sientes hasta divertimento por lo excesivo del asunto (garganta rajada por un oso que resiste una cascada sin ahogar a Glass, una caída a un árbol desde un precipicio, curación milagrosa de una cojera, soportar el peso de un oso...). Y por otra parte, no sabemos lo suficiente del personaje ni de su vida familiar con mujer e hija para sentirnos afectados por la pérdida de ambos. Y cuando pretende profundizar en ella fracasa estrepitosamente, pues adereza este drama de miserias con oníricas escenas Malickianas de su difunta mujer levitando y su voz susurrando entre los árboles que en este contexto narrativo desentonan por completo. El resto de personajes nos resultan igualmente desconocidos, por lo que esa lucha de antagonistas se reduce a dos caras de una misma moneda, con dos hombres más similares que distintos. Una narración sobre hombres curtidos que sufren las adversidades del entorno y de sus congéneres. Pero poco más allá de ese sufrir.

Predestinada a arrasar de nuevo en una temporada de premios plagada de muy buenas películas, El renacido es muy recomendable, pero no es ni de lejos la mejor película de esta competición. Si más allá de la habilidad en el oficio trasluciese una implicación personal en la narración por parte de sus responsables, se hubieran obtenido muchos mejores resultados. 7/10

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