Del
5 al 8 de marzo tuvo lugar un año más en Madrid la 12ª muestra
Syfy de Cine Fantástico, en los Cines Callao por cuarta vez
consecutiva. Y esta fue una de las muestras más eclécticas que se
recuerdan, pues durante estos cuatro días el cinéfilo pudo
disfrutar de una oferta multinacional y variopinta, con propuestas
muy diferentes en género, ritmo, público objetivo o argumento. Cómo
ya me sucedió en ediciones anteriores, percibí un cierto
estancamiento temático en algunos esquemas narrativos de las
propuestas de terror (creo que ya va siendo hora de pasar página de
vampiros, zombies y demás calaña), pero es la primera muestra en la
que percibí que el cine de género recobraba el vuelo, que presenta
en estos momentos una vigorosidad envidiable.
JUEVES
El jueves se
inauguró la muestra con uno de las mejores aperturas de los últimos
años: Chappie, el último trabajo de Blomkamp. Esta
película de acción y ciencia ficción presentaba una buena
producción y ciertas ideas narrativas interesantes (relacionadas con
conciencias, sentimientos robóticos y codificación de mentes en
bits transferibles por USB), pero a pesar de su ritmo acaba
resultando machacona, predecible, incapaz de separarse de muchas
otras películas de temática similar e irregular, sobre todo en su
desenlace, eterno. Algunos personajes rozan la vergüenza ajena
(Weaver de cameo y Jackman repeinado soltando frases de telefilme).
Con todo, es una película noble.
VIERNES
El viernes
fue un buen día de cine, cómo suele ser la tónica. Empezamos con
una interesante película neozelandesa que daba un cómico giro a las
tramas de casa encantada; Housebound.
Este
filme mezclaba con habilidad humor y terror, y la transformación de
espíritu atormentado a adorable autista encerrado entre paredes
resulta memorable, y su final de tensión narrativa in
crescendo por el
descubrimiento del nuevo asesino está logrado, pero la película se
ve lastrada por momentos tediosos, risibles y, aunque los parodie,
por los tópicos de género. La siguiente película supuso una
experiencia sensorial sin precedentes: la barroca Tokyo
Tribe del
extravagante Sion Sono.

Esta es
quizás el único ejemplo de ópera-hip-hop, un musical febril de
narración delirante y deslumbrante realización visual y cuidado
estético, que mezcla narración en rap con planos secuencias dignos
de estudiarse en academias, narración por parte de un personaje
ajeno, escenas de kung-fu y batallas multitudinarias con momentos
grotescos-escatológicos. Lamentablemente dos horas es una duración
excesiva para una propuesta argumentalmente tan liviana, y lo que
durante 10 minutos nos fascina finalmente se convierte en un producto
estirado, pero no deja de ser una de las mejores películas de esta
muestra.
La siguiente,
la simpática comedia Burying the ex de Joe Dante,
fue una graciosa pero prescindible película que satiriza a través
de una novia zombie lo nocivas que pueden ser las relaciones amorosas
si estás se alargan en el tiempo y no hay sinceridad por delante.
A
continuación se proyectó una de las cintas que más gratificó al
patio de butacas; el falso documental neozelandés ¿Qué
hacemos en las sombras?. Este documental parodiaba con acierto
todos los clichés vampíricos y obtenía chistes de la
cotidianización en nuestro mundo contemporáneo de las
características intrínsecas de hombres lobos y vampiros, pero más
que una película daba la sensación de ser un programa humorístico,
un sketch de dos horas plagado de humor fácil. Disfrutable, pero de
escaso calado.
Y por último
el viernes se proyectó la nipona Hunger of the dead, un
absoluto desastre hilarante de lo terriblemente deleznable que es, de
modo que no te explicas como semejante residuo pudo llegar a España,
y más aún a un cine. Cutre hasta la extenuación, con una
producción y posproducción de sorna e interpretada irrisoriamente,
es probablemente el peor producto fílmico que he visto en mi vida.
SÁBADO
Tras un pase
matinal de la magistral Mi vecino Totoro, la muestra
abrió el sábado con la mejor película: la delicia animada Song
of the sea, con la que el irlandés Tomm Moore mejoraba
ostensiblemente lo logrado en la notable El secreto de Kells.
Mágica,
emotiva, lírica, bellísima en el trazo y banda sonora, Song
of the sea transporta al espectador a un absorbente viaje
por la mitología celta con unos personajes adorables. Una gozada.
La siguiente
propuesta fue el título sórdido de esta edición: la
austríaca Goodnight Mommy, espectacular en la fotografía
y en la ambientación sonora pero insatisfactoria en el desarrollo
argumental, pues tras un potente inicio se dirige a la inanición, la
tortura gratuita y un giro final parcialmente previsible.
La película
de las 20:00 fue el punto más bajo del sábado, la pobre y
tediosa Spring, historia de amor entre un yanqui y una
joven metamórfica de 2000 años dialogada con torpeza y fotografiada
y realizada con incoherencia. A pesar de la convicción del retrato
amoroso de la pareja, el descuidado aspecto visual de la cinta y la
ambigüedad de ciertos aspectos argumentales terminan por hundir el
filme.
Para mi
regocijo inicial y el de algún otro scout de la sala, a las 22:00 se
proyectó el slasher belga Cub (lobato si lo
traducimos, que no es otra cosa que un scout de 10-12 años). Aunque
bien editada y realizada, la propuesta no mantiene la potencia de su
inicio y acaba derivando en otro ejemplo estándar de cine de
asesinatos en bosques que da poca importancia al argumento y aún
menos a sus personajes. Una película muy noble pero también típica
y olvidable. Servidor no asistió a la proyección de Crazy
bitches, y al parecer hice lo correcto.
DOMINGO
Para sorpresa
de todos, el domingo, que finalmente fue el mejor día de los cuatro,
comenzó muy fuerte, con la inesperada LFO, comedia negra
sueca que se alzó entre los mejores títulos de esta edición. Narra
la historia de un cínico científico viudo que descubre como
hipnotizar mediante frecuencias sonoras, y lo pone en práctica con
sus vecinos, haciéndoles realizar todo tipo de extravagancias. A
pesar de su exagerado y megalómano final y de una parte intermedia
algo reiterativa argumentalmente (hipnotizar a sus vecinos una y otra
vez para distintos fines), LFO te tiene en vilo en
todo momento mientras que te hace reír y te describe exhaustivamente
al personaje principal, su pasado familiar y sus problemas con el
mundo y consigo mismo. Envolvente y sobria película que hizo las
delicias de la audiencia.
La
siguiente película, Jamie
Marks is dead,
bajó el listón al inframundo. Centrada en la relación
seudo-homosexual entre un adolescente tímido y un ex-compañero
muerto, una suerte de clon de Harry Potter, la película tiene
maneras de cine de verdad (fotografía, música y construcción de
personajes) pero carece de su profundidad, ritmo y contenido. Los
pormenores de esta relación se alargan durante un metraje lánguido
plagado de escenas sobre-emocionadas, naïf o
gratuitamente perturbadoras. Un buen intento de cine indie de género
que se queda en agua de borrajas.
A
continuación se proyectó la primera dosis de cine de autor del día,
la excelente A girl walks home alone at night, un western
iraní en b/n protagonizada por un joven endeudado por las tendencias
drogadictas de su padre que se enamora de una sensual vampira con
Hiyab. Ultraestética, fotografiada con magnificencia, aderezada de
sublimes momentos musicales sustentados en una formidable elección
de canciones, de ritmo pausado pero envolvente, de trama sencilla
pero plagada de matices, turbadora y costumbrista y con personajes
entrañables en un medioambiente sensacionalmente diseñado y puesto
en escena, “A girl walks home alone at night” es una propuesta
difícil pero seductora, hipster pero bella y memorable.
Y por última,
la muestra fue clausurada con la segunda dosis de cine de autor, la
interesante Under the skin, película transgresora e
inquietante pero finalmente errada. El viaje iniciático de esta
alienígena devorahombres (interpretada por una gélida Scarlett
Johansson) en la Tierra empieza de manera embriagadora y su turbadora
y espectacular banda sonora te mantiene sumido en un trance
sensorial, pero su experimentalidad y argumento difuso y arrítmico
hace que el interés decaiga enormemente, y algunas escenas mal
insertadas o centradas exclusivamente en el desarrollo emocional de
una asensual Scarlett (lo cual tiene más delito teniendo en cuenta
que en varios momentos del metraje se desnuda) carecen de la fuerza
de, por ejemplo, los momentos de absorción de hombres en el líquido
negro. Recomendable y arriesgada, pero se queda a medio camino.
De todos
modos fue una sublime clausura a la mejor muestra de los últimos
cuatro años en lo que a calidad media de sus filmes se refiere.
Fueron cuatro días de buen y variado cine dónde pudimos disfrutar
de un puñado de buenas propuestas y confirmó la buena salud de esta
muestra, de la cinefilia madrileña y del porvenir del cine de
género. Espero la llegada de la 13ª muestra como agua de mayo.